Me acaba de llamar un buen amigo mío recién llegado de Oporto y, al colgar, me ha vuelto a pasar. He vuelto a sentir lo mismo que cada vez que oigo hablar de esa ciudad que a mí, no sé muy bien por qué, se me antoja mágica:  "Tengo que conocer Oporto; de este año no pasa sin conocer Oporto; el próximo fin de semana que tenga libre me voy a Oporto, Oporto...".

Me lo voy a hacer mirar.

Fuera de bromas, amo las ciudades portuarias quizá porque nací en una de ellas, me fascina su eterna decadencia producto de tantas cosas que están de paso, que llegan para no quedarse pero que dejan la estela de su historia, de miles de historias, cuando se van.

´Cuando vaya a la ciudad de Oporto, búscame por el puerto, paseando; o localízame en un hotel bien céntrico, un hotel con encanto en Oporto.